archivo

granos y vegetarianos

la foto 2

Un rasguño puede cambiarlo todo. Es una herida leve que aunque parezca superficial, casi siempre deja huella. Tal vez no sea tan traumático como una herida de puntos o una puñalada trapera, pero igual que ésta siempre nos evocará un momento, siempre nos remitirá a un culpable, será a la larga un cambio, un corte, un inevitable después de.

Ayer recibí estas fotos de Clara, la hija de mi amiga Ana, que ilustraban la primera semana de la pequeña infanta en el jardín. Era una mañana de otoño, en una ciudad remota, de un país lejos de familiares y amigos con poder. Descartada quedaba la posibilidad de llamar a un flecho, contacto o palanca que hiciera echar del jardín a la atacante, dejara sin trabajo a la profesora y cerrara ipso facto ese maldito antro por negligencia -agravada- de menores.

Lea el resto de la receta

Anuncios

Un paseo de olla, unos fríjoles y una amistad que supera el tiempo, la distancia, las diferencias y los matrimonios. Para aquellos que ignoran lo que es un paseo de olla, en pocas palabras, es el picnic o piquenique colombiano. Nuestra versión, sin embrago, difiere de manera fundamental del típico picnic europeo. En Francia, por ejemplo, el paseo no tiene nada que ver con una olla, al contrario, cada piqueniquero se ha ocupado con anticipación de reflechir cual sería la receta más apropiada para comer al aire libre. Una que implique pocos utensilios, que sea fácil de transportar en un tupperware, que sea fácil de comer, que no sea perecedera y que no sea un riesgo para las alergias alimenticias de sus compañeros de convite.

Lea toda la receta

Mi cocina se ha convertido hoy en un show de agua y luces, la fuente danzante del hotel Bellagio. Un tubo de agua roto abruptamente chorrea furibundo hacía el techo. Aparatos centellan ante mis ojos incrédulos, desbaratando el piso de hierro que cuidadosa y arduamente había sido instalado. El ruido agudo y chillón de las máquinas es por demás estridente. Y sin embargo, éstos son los ruidos que suponen la evolución de nuestra especie. Suponen además mi éxito en la cocina, enmarcan mi zona de confort. Intuyo que así suenan las fábricas de cuchillos, ollas, estufas y neveras. Todos los utensilios que hacen posibles mis momentos felices, seguramente nacieron en una nube de ruido, rayos y porrazos. Trato de imaginar qué pasaría si decidiéramos acabar con tanto bullicio y tanto progreso. Volver atrás.

Lea toda la receta

Las ahuyamas vuelven a aparecer en el panorama y con ellas la certeza de un año de aventuras en este Guiso. Tantas y tantas alegrías me ha traído este blog. Ha sido intermediario de encuentros con personas formidables. Me ha demostrado que las reglas para la perseverancia pueden ser flexibles. Que es válido pedir ayuda. Que una buena comida es el único estilo de trueque, aparte de los favores sexuales, aún posible en nuestra sociedad. Que las críticas siempre son constructivas. Que la inspiración es una amiga que no visita a los perezosos. Que a veces las cosas salen mal, inclusive cuando era importante lucirse. Que siempre hay algo que aprender.

Lea toda la receta

Hace ya algún tiempo tenía esta receta en la cabeza. La encontré un día curioseando el blog de Ruth Reichl, quién fue critica de restaurantes del New York Times, editora en jefe de la revista Gourmet y una de mis escritoras gastronómicas preferidas.
El concepto de rellenar una calabaza de delicias y presentarla entera a la mesa, me recordó el helado de maracuyá de mi abuelita flor. Ella retiraba con cuidado la pulpa de la fruta, hacía un helado con ésta y luego lo congelaba dentro de la cáscara vacía. Estos trucos siempre logran descrestarme, soy fan numero uno de las recetas que involucran un relleno. Mis preferidos son los rellenos con la pulpa de la fruta o vegetal, que rápidamente vuelve, en versión mejorada, a llenar el vacío que había dejado.