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desayuno y brunch

El miedo es uno de los motores más potentes que tiene el ser humano para mantenerse a flote en el mar de la vida. El miedo nos devuelve a lo esencial de nuestra corporeidad, recordándonos que estamos vivos, de ahí la famosa expresión ” Cag ___ rse del susto”. Hay quienes encuentran ridículos los miedos de los demás y hay quienes le temen demasiado a lo que piensan los demás. Pero unos y otros sienten miedo. Algunos lo superamos, otros lo escondemos y muchos los disfrazamos. En esos momentos en que nos sentimos “al limite”, es muy satisfactorio mirar el miedo de frente y lanzarse al agua, arriesgarse a perderlo todo, apostar a nuestro favor y abrazar lo que venga. Por lo general, lo que viene es bueno o es malo, pero sea cual fuere el resultado, la experiencia es tan engrandececedora, que es imposible no aprender algo. ¿Cuantas veces decidimos lanzarnos y cuantas otras nos quedamos sentaditos cómodos? ¿Qué es peor, perder o no arriesgar?

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Las fiestas decembrinas y los trasteos tienen algo en común, ambas suponen un placer oculto detrás de una nube de estrés. ¿Los placeres? en navidad compartimos con los seres queridos, apreciamos variedad de carnes, frutas, dulces, tortas huevos, té y café. En el trasteo nos deshacemos de la basura acumulada y si la vida es bondadosa, desplazamos nuestras pertenencias e ilusiones a un espacio mejor.
Este año me las disparé todas al tiempo: tortas, eventos y trasteo. ¿Las secuelas? bueno, las de siempre, los kilos de más, la querella que había podido ser evitada, la receta retadora que deberá ser mejorada, los pies que laten tras las horas cocinadas, la cabeza que se pierde en un mar de cajas empacadas, las decisiones que se toman a la ligera cual botella destapada.

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Aquí va una receta para el desayuno. La primera de muchas que declararé en este blog. Siempre me ha gustado el desayuno. Claro, también me encanta el almuerzo, la comida y las merienditas entre uno y otro. Pero el desayuno tiene algo especial, es la primera comida del día y cuando la haces bien, como un rey, sientes que le regalaste algo a tu cuerpo y a tu alma. Sientes que en la vida, eres uno de esos seres humanos que tiene tiempo para sí, para darse gusto. Que la vida es buena y generosa. Que te das el lujo de escoger. Un desayuno bien “halao”, y no me refiero a la cantidad sino a la calidad, me da la sensación de algo pecaminoso, voluptuoso.