Espárragos Rasguñados

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Un rasguño puede cambiarlo todo. Es una herida leve que aunque parezca superficial, casi siempre deja huella. Tal vez no sea tan traumático como una herida de puntos o una puñalada trapera, pero igual que ésta siempre nos evocará un momento, siempre nos remitirá a un culpable, será a la larga un cambio, un corte, un inevitable después de.

Ayer recibí estas fotos de Clara, la hija de mi amiga Ana, que ilustraban la primera semana de la pequeña infanta en el jardín. Era una mañana de otoño, en una ciudad remota, de un país lejos de familiares y amigos con poder. Descartada quedaba la posibilidad de llamar a un flecho, contacto o palanca que hiciera echar del jardín a la atacante, dejara sin trabajo a la profesora y cerrara ipso facto ese maldito antro por negligencia -agravada- de menores.

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Clarita, que mientras era desfigurada por unas uñas diminutas se oyó gritar “no please, no please”, entendió súbita y definitivamente cual era el punto de André Malraux al escribir La Condition Humaine.  Comprendió, a escasos 2 años de edad, que el esnobismo de las madres modernas con su enfoque globalizador, es un arma de doble filo. Aceptó por fin lo que siempre había sospechado: las papillas asfixiantes, los pañales reciclables y las galletas orgánicas que saben a caja de crayola no tóxica, tendrían una irremediable influencia sobre ella.  Pero sobre todo, admitió que no hubiese sido tan grave si su madre hubiese roto la regla del trilinguismo ¿Será realmente práctico que mi mamá me hable en inglés y mi papá en español si vivimos en Francia? ¿Era necesario esto para entender porqué los niños no juegan conmigo en el arenero del parque? No se puede negar que soy una cuquera cuando en vez de buenos días digo good morning, pero antes de eso ella tendría que haberme hablado de la relevancia del Contexto.

Mientras sentía como la piel pasaba de cubrir sus suaves y rosadas mejillas a encarnarse en esas uñas de 17 meses mal cortadas,  Clarita sólo lograba detestar a su madre.  ¿Es que acaso ella no tuvo infancia? pensaba con la amargura de una vieja que no reconocía. Se percibió por un minuto más sabia que su madre, más rasguñada por la vida. Supo con determinación que antes de llevarla al jardín infantil, era fundamental que ella le hubiese enseñado, en el idioma apropiado, cuatro palabras básicas: arrête-toi-petite-pétasse (no me aruñe pedorra pañalitica!).

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Es cierto, siempre lo supe, finalmente todo es culpa de ellas! Todos los rasguños de la vida, de una u otra manera, sin querer por su puesto, se los debemos a nuestras madres y ellas a las suyas, reflexionó. Mira que hacerme creer que un maldito “please” me iba a llevar a la cima del mundo. Además de ser ñoño y de haberlo dicho en el idioma equivocado, pedir el favor hoy en día está sobrevalorado. Clarita decidió que dedicaría su vida a mejorar la calidad de los cursos sicoprofilácticos. Promovería una reforma en la que además de enseñarles a respirar, el curso haría énfasis en que en el mundo de hoy el que pregunta pierde y el que se corta las uñas es un estúpido nerd!

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Igualmente rasguñada quedó la niña que rasguñó. Sin entender muy bien lo que pasaba, sin saber si quiera que es deber de un padre de familia cortar las uñas a su hija bebé, fue echada por primera vez de un plantel estudiantil a los 17 meses de vida. Una vida desgraciada en el panorama, unos padres del 16eme arrondissement de Paris, ataviados con Gucci, alimentados con foi-gras, con alma de punks y rasguños mal resueltos.

Por eso en nombre de Clarita y de la niña rasguño, quiero traer esta receta de espárragos a la parrilla. No sé porqué relacioné estas dos cosas, tal vez porque la receta me la dio mi amiga Ana, tal vez porque después de que la brasa rasguñó los espárragos, mi experiencia con ellos nunca volvió a ser la misma.

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ESPARRAGOS RASGUÑADOS

(4 porciones)

INGREDIENTES

1Lb espárragos blancos

1 diente de ajo espichado

2 Tbsp aceite de oliva de buena calidad

Sal

Pimienta recién molida

Papel aluminio

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INSTRUCCIONES

Con ayuda de un pelador, quitarle la piel a los tallos de espárrago, dejando las puntas intactas. En un recipiente pequeño mezclar el ajo espichado, el aceite, la sal y la pimienta.

Precalentar la parrilla de carbón o gas a temperatura media-alta

Cortar dos rectángulos de papel aluminio donde quepan los espárragos bien extendidos. Colocar los espárragos sobre el primer rectángulo de aluminio, bañar con el aceite de ajo y cubrir con el segundo trozo de aluminio. Sellar los bordes doblando hacía arriba y hacer unos cortes con la punta del cuchillo en la superficie para que el vapor pueda salir.

Colocar el paquete de aluminio en la parrilla y dejar cocinar por 8 minutos. Bajar el fuego. Retirar los espárragos de la parrilla, abrir con cuidado el paquete de aluminio y voltear los espárragos. Volver a cerrar el paquete y llevar a la parrilla. Cocinar por 8 minutos más o hasta que los espárragos estén suaves. Servir.

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2 comentarios
  1. copo dijo:

    Muy bueno, Mari. Esas fotos de Clara dan ganas de llorar y tu texto da ganas de gritar, así que supongo que eso significa que lo conseguiste. Los espárragos se ven deliciosos.

  2. fgarnica dijo:

    AAAAuuuuIIIIII esos rasguños de gato aaaaarden oiga?!? Sal en esas heridas es mi receta para q Clarita aprenda a hablar frances rapidito!

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