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Archivos Mensuales: noviembre 2012

Un paseo de olla, unos fríjoles y una amistad que supera el tiempo, la distancia, las diferencias y los matrimonios. Para aquellos que ignoran lo que es un paseo de olla, en pocas palabras, es el picnic o piquenique colombiano. Nuestra versión, sin embrago, difiere de manera fundamental del típico picnic europeo. En Francia, por ejemplo, el paseo no tiene nada que ver con una olla, al contrario, cada piqueniquero se ha ocupado con anticipación de reflechir cual sería la receta más apropiada para comer al aire libre. Una que implique pocos utensilios, que sea fácil de transportar en un tupperware, que sea fácil de comer, que no sea perecedera y que no sea un riesgo para las alergias alimenticias de sus compañeros de convite.

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Cada cumpleaños es especial porque implica preparar un ponqué a gusto del homenajeado. Hay quienes prefieren las frutas frescas en su ponqué. Otros sin parpadear exigen el clásico relleno de arequipe con cubierta de merengue. Para algunos es irrevocable el chocolateconmuchochocolate. Las generaciones con más trayectoria, para quienes el ponqué de vino o de novia es una institución, lo exigen año tras año hasta el cansancio.

Sería interesante hacer un análisis de personalidades de acuerdo con las preferencias del ponqué. En mi casa se preparan dos ponqués de cumpleaños, cada año, para el personal interno. Jaime es furibundo del chocolate y entre más amargo mejor. Yo, aunque amo el chocolate, siempre quiero algo diferente. Talvez coco, tal vez fresa, tal vez caramelo, tal vez limón. Si decidiéramos analizar dichas preferencias, yo diría que Jaime, encandelillado con tanto destello de su tez blanquecina y roja cabellera, busca un poco de sombra en las bondades más oscuritas que le ofrece el universo. Por eso no perdona el ponqué de chocolate, ama el café, el tabaco y debió ser mi melena negra que lo conquistó o ¿sería mi humor negro? o ¿mi nube negra?. En ese orden de ideas, no sé si su preferencia por el chocolate amargo merezca un análisis más profundo, presiento que es más razonable dejar así. Eso de auto analizarse no debe ser válido en ninguna corriente psicológica y/o espiritual, sin embargo, es muy diciente de mi personalidad querer siempre variar los sabores. Como decía mi mamá, que en paz descanse, pica aquí, pica allá y nunca está contenta con nada. No se equivocaba. Me la he pasado haciendo malabares con las tantas opciones en el tarot de la vida. Me cuesta mucho verlas ahí y no tomarlas. Las quiero todas. Quiero agarrar una y se me suelta la otra. El caso es que no nací para comerme el mismo ponqué todos los años. Ahora bien, los amantes del ponqué de vino ya sabrán por dónde va el agua al molino. Suena curioso que una receta donde el ponqué es hidratado con vino durante varias semanas, en un proceso muy parecido al arte de embalsamar, sea tan apetecida por aquellos que, como dicen por ahí,  tienen la lápida pegada al culo.

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