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Archivos Mensuales: septiembre 2012

Dicen Que la reina Mary I de Inglaterra fue responsable del genocidio protestante más sangriento del siglo XVI. Por eso la llamaron Bloody Mary. Dicen también que así se llama el espíritu de una mujer que al ser invocada pronunciando su nombre tres veces, revela a las mujeres ansiosas por casarse, la identidad de su futuro marido.

No hay información muy precisa de porqué este coctel se bautizó bloody mary. Yo estoy segura que tiene todo que ver con el espíritu de la adivina de maridos. Si un pueblo entero pudiera anticipar su desgracia, seguro se habrían inventado una cura para la depresión. Puedo comprender cómo en ese pueblo las mujeres se volvieron alcohólicas. O ¿que harían ustedes si les avisaran que les queda poco tiempo antes de convertirse en la feliz y eterna esposa del vecino zángano, mueco y con halitosis? Seguro este trago se lo inventaron para curar el guayabo de todas esas pobres desdichadas que se emborracharon hasta más no poder.

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Esta tortica esperaba, esperaba, esperaba…

Tanto tiempo en mi repertorio aguardando el momento oportuno. En mi cabeza el momento oportuno era la próxima fecha de Amor y Amistad. No lo olvidé, estaba pendiente de septiembre para tener una excusa y preparar la torta de fresas con crema. Pero septiembre me agarró sin casa de nuevo. Sin mis moldes, mis espátulas, mis peroles. Aquellos utensilios que orgullosa sabía me iban a ayudar en la empresa de ensamblar el manjar. Este es el quinto trasteo en el último año.

Creo que el lío es que soy una persona muy perfeccionista y eso puede ser una gran carga. Podría compararme con un parásito o un virus en cuanto que sólo si le das el ambiente propicio éste se reproducirá. Para mí reproducir-me es cocinar. Sin embargo, sentí que necesitaba cortar con esa rigidez y des-apretar-un-poco-el-trasero pues lo que ando persiguiendo en la vida es la felicidad. Sonaba oportuno aplicar el dicho que mi esposo ama: entre más feo más paseo. Decidida compré unos moldes desechables y me armé de todo utensilio que pudiera ser útil en mi hogar de acogida. No me puedo quejar, mi madre putativa tiene un horno fenomenal.

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Hoy me presento ante ustedes para confesar los pecados que me hacen cometer las hierbas encapuchadas con bolsas plásticas en la puerta de mi nevera. Pero antes de hablar de ingredientes e instrucciones, hablemos de etimología.

Cuando me topé con esta receta en un libro de Jamie Oliver me emocioné. Mi primera impresión fue ¡Ah! este Jeimi´s tan pilo como siempre “engallando” las recetas criollas. El tipo conoció el chimichurri, lo amó y decidió adaptarlo al gusto europeo incorporando alcaparras, mostaza dijon y anchoas. No es que yo sintiera que al chimichurri básico le hacía falta algo, todo lo contrario, pero decidí probarla. Sin embargo hubo algo que me molestó. Más que molestarme me emberraqué, al pensar que Jeimi´s llamaba “salsa verde” al chimichurri. Sentí, o más bien, resentí que los extranjeros de más al norte, para comprender las culturas tropicales, tiendan a utilizar un término genérico que les es medianamente conocido, para denotar cualquier otro que les es desconocido. Como cuando, por ejemplo, describen la arepa como “colombian tortillas”. Resulta que después de mucho despotricar me di cuenta que la ignorante era yo. La “salsa verde” a la que él hace referencia es la italiana, la mamma del chimichurri.

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