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Archivos Mensuales: abril 2012

Viajar te hace grande, puede hacerte grande a lo ancho también si no te aguzas. Yo viajo porque siento una infinita curiosidad por conocer culturas diferentes, ver paisajes alucinantes, conocer personas nuevas. Pero realmente cuando estoy planeando el viaje hay una gran directriz, la comida. Todo gira en torno a la comida en mis viajes y Jaime, claro está, disfruta mucho de esta tendencia. Así pues, no nos preocupamos demasiado por la línea, aunque tratamos de compartir las calorías y de hacer el mayor número de cosas a pié -definitivamente no somos el tipo de personas que desde el segundo piso de un bus le pide a la virgencita que al guía se le ocurra bajarlos en esa esquina, donde huele a gloria, para probar los tacos al pastor-. Por otro lado, soy de las que prefiere comer que comprar. No del todo como mi tía Clarita. En sus viajes con mi tío Julio, las grandes discordias se tejían cuando él decidía pedir la mejor botella de vino en un buen restaurante. Después de que ella había calculado cuantas prendas podría haber comprado con la plata del vino, mi tío se veía obligado a tomarse la botella más rápido de lo que le hubiera gustado. Era mi tío amado, mi tío-padrino, hombre como pocos, sangre de mi sangre. La vida se lo llevó.

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El miedo es uno de los motores más potentes que tiene el ser humano para mantenerse a flote en el mar de la vida. El miedo nos devuelve a lo esencial de nuestra corporeidad, recordándonos que estamos vivos, de ahí la famosa expresión ” Cag ___ rse del susto”. Hay quienes encuentran ridículos los miedos de los demás y hay quienes le temen demasiado a lo que piensan los demás. Pero unos y otros sienten miedo. Algunos lo superamos, otros lo escondemos y muchos los disfrazamos. En esos momentos en que nos sentimos “al limite”, es muy satisfactorio mirar el miedo de frente y lanzarse al agua, arriesgarse a perderlo todo, apostar a nuestro favor y abrazar lo que venga. Por lo general, lo que viene es bueno o es malo, pero sea cual fuere el resultado, la experiencia es tan engrandececedora, que es imposible no aprender algo. ¿Cuantas veces decidimos lanzarnos y cuantas otras nos quedamos sentaditos cómodos? ¿Qué es peor, perder o no arriesgar?

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