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Archivos Mensuales: octubre 2011


Que reconfortante es un plato de comida casera en un día frío.
Que melodioso es escuchar el sonido de la lluvia, mientras saboreamos ese plato de comida casera en un día frío.
Que consolador es estar bajo techo, comiendo aquel plato de comida casera, mientras escuchamos la lluvia caer en un día frío.
Que agradable es sentir el calor de las llamas de una chimenea, que se extiende tan alta como el techo, mientras saboreamos ese plato de comida casera, al son de la lluvia que cae, en un día frío.
Que romántico es arruncharse con un príncipe o princesa, frente a una chimenea encendida, mientras nuestro gusto saborea un plato de comida casera y nuestro oído se arrulla con el golpeteo de la lluvia que se escucha a lo lejos, inalcanzable, en un día frío.
Parece que el invierno ha decidido instalarse. Yo por mi parte, he decidido recurrir a los que saben de frío para calmar mis necesidades gastronómicas. Hoy les traigo unas albóndigas suecas que ojalá hagan más llevadera su llegada a la casa con los zapatos mojados.
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Hace ya algún tiempo tenía esta receta en la cabeza. La encontré un día curioseando el blog de Ruth Reichl, quién fue critica de restaurantes del New York Times, editora en jefe de la revista Gourmet y una de mis escritoras gastronómicas preferidas.
El concepto de rellenar una calabaza de delicias y presentarla entera a la mesa, me recordó el helado de maracuyá de mi abuelita flor. Ella retiraba con cuidado la pulpa de la fruta, hacía un helado con ésta y luego lo congelaba dentro de la cáscara vacía. Estos trucos siempre logran descrestarme, soy fan numero uno de las recetas que involucran un relleno. Mis preferidos son los rellenos con la pulpa de la fruta o vegetal, que rápidamente vuelve, en versión mejorada, a llenar el vacío que había dejado.

 

En Colombia se encuentran estos deliciosos bananitos a los que cariñosamente llamamos bocadillos. Al igual que los animales bebés, éstos tienen la carne más tierna y el sabor más concentrado. 

No me miren así… ya sé que haciendo descripciones científicas de mis bananos no voy a poder ocultar el aspecto de esta receta. Ya sé a qué se les parecen estos bananos tempura. No me puedo hacer la de la vista gorda por más que quiera, lo único que me falta es que también se me engorde la vista. ¿Y si les dijera que están rellenos de chocolate? Discúlpenme, no puedo ocultarlos, ignorarlos. Son demasiado buenos. Me siento como una madre cuyo hijo es feo pero inteligente. Detrás de un físico poco prometedor, hay un alma que deja huella. Por favor no los llamemos de otra manera, no les pongamos apodos. Denles ustedes también la oportunidad. Superen la barrera de la apariencia y deleitarán sus paladares. 
Lo interesante de escribir un blog de cocina es que es preciso lidiar con la condición humana. Torear las emociones. Aplastar la frustración. Adoptar la repetición. Perder el miedo al desperdicio (¡No, no, no!). Hacer de la recursividad un lema. Poner en prueba la disciplina. Captar el momento. Estar siempre atento. Darle gusto a la mayoría. Mitigar las obsesiones. Entregarse al azar. Repetirse una y mil veces que nada ni nadie es perfecto. Soltarse. Confiar. Comprar un flash de relleno para tomar fotos decentes a cualquier hora. Bueno, la última es la solución a varias de las anteriores.